Dicha decisión no es tanto un invento revolucionario como un cambio de actitud hacia la noción de tiempo. Como concepto el tiempo es en realidad una magnitud que expresa y valora el cambio y el cambio no ha sido siempre visto con buen ojo. Durante siglos se ha relacionado con el envejecimiento, el desgaste, la desaparición, lo irreversible, por lo que la humanidad construía, esculpía, pintaba e imprimía para perdurar, para vencer lo que el tiempo tiene de destructivo. Solíamos transmirit ideas y grabarlas para la eternidad, venerabamos la belleza y la retratabamos, rendíamos culto a la juventud.
Pero… Parece que hoy ha llegado otro tiempo que quiere y merece llevar el protagonismo. Y no se trata de la idea modernista – el culto a la metamorfosis – ni tampoco de una idealizada evolución, sino de un proceso que nos hace a todos un poco de “creativos”. La semilla de este “hoy” ha sido el diseño interactivo, el diseño que hace al consumidor partícipe del cambio e introduce nuevas reglas en el proceso comunicativo consumidor-publicadad-producto o consumidor-producto. Partimos del encanto de la pantalla multitouch para aspirar a diseñar un cambio impredecible. El cambio es ahora paso a lo nuevo y lo nuevo o “nunca visto” ya no es temible sino valor último.
Y es cierto que la publicidad ya ha echado mano a ello en las campañas por internet que a veces nos dejan perplejos ante la pantalla o en casos cautivos de lo táctil e interactivo llevado a escala como la campaña nokia.
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